2 mar. 2009

Donde las águilas se atreven


No se caía el merval, ni la tía Rosa le preguntaba al panadero si tenía dolares para vender por que el riesgo país era alto. Tampoco había empezado la madre de todas las guerras, pero se había derrumbado algo y había que salir de bajo los escombros, una vez mas.
Y ese verano llovió mucho, si no me equivoco fueron 20 días, así que ayudó a que se limpiara el aire, y yo lo miraba desde allí arriba, sin preguntarme casi nada, aprendiendo y desaprendiendo, con las pocas, poquísimas preguntas que, solo por haber sido formuladas, no necesitaron respuestas.

Dedicado a P.J.E, cómplice de aquellos y otros días.